En la portada sur hallamos un tímpano decorado, de hechura entre inexperta e ingenua. Representa a la Virgen en el espacio central. Parece que la intentaron poner en mandorla, pero al final más parece que se halle sentada en un columpio. En su regazo en Niño, también de la misma hechura. Cuatro seres angélicos que quieren evocar a portadores de los tetramorfos rodean la escena y por fuera otros cuatro cada vez de menor tamaño pors imperativo de la altura del tímpano (Imágenes 1 y 3).
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Por fuera del tímpano hay una pequeña arquivolta decorada con nido de abejas y motivos ondulantes que en ocasiones son claras serpientes (Imagen 2). La escultura de los capiteles de la portada, sin ser excepcional, es de alguna mejor calidad que lo visto en el tímpano. Quizá lo más logrado sea esa pareja de arpías en simétrica disposición de la imagen 4.
En el lado de poniente, pues, arpías, seres angélicos y una extraña escena en la mocheta, difícil de interpretar, en que uno de los personajes trata de estrangulas a otro (Imágenes 5 a 8).
A levante, los capiteles están peor conservados. Seguimos hallando arpías, ángeles y personajes en gupo (Imágenes 9 a 12).
Templo de profusa decoración, de más belleza estética en la media distancia que en proximidad, a todas luces desproporcionado para la población actual del lugar. Quizá cuando se erigió, las circunstancias fueran otras más favorables.
A finales de mayo de 2007 volví a Soria a repetir imágenes de Santo Domingo. Tiempo más propio de invierno que de primavera. De regreso, entré en Tozalmoro y tuve la suerte de dar con las personas que guardan las llaves del templo. Así pude ver su portada norte y el interior, que muestro.
Esta portada norte de acceso al cementerio, posee una arquivolta apeada en capiteles y sus columnillas. Los capiteles lucen motivos vegetales de sencilla traza (Imágenes 15 y 17).
Hay también tímpano apeado en dos mochetas semiocultas por los capiteles. Luce decoración sencilla y ruda. Tras grandes botones florales, y dos más tenues sobre ellos. En la concavidad, una sucesión de ocho pequeños arquillos ciegos enmarcan a otras tartas cabecitas muy simples en su hechura y con cabellos apenas señalados por un trazo sogueado (Imagen 13).