LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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-MONASTERIO DE SAN CUGAT DEL VALLÉS-



UTM 31T 423708 4591975 125 m

(BARCELONA)

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Fundado en el siglo IX, fue el monasterio más importante en el Condado de Barcelona y es de los pocos monasterios construidos donde la tradición señala el lugar del martirio de un santo: San Cucufate (Sant Cugat). Durante unas excavaciones en el transcurso de la restauración de una de las alas del claustro, se halló un templo paleocristiano, con un ábside posterior, levantado en el lugar de su martirio. (2)

La tradición y las fuentes literarias más antiguas, señalan que el lugar se llamaba Castrum Octavianum y que era una fortaleza romana del bajo imperio, situado cerca de la vía imperial que unía los Pirineos con Tarragona. Se confirma por el poeta Prudencio, que aquí sufriría martirio el mártir Cugat en el año 304, el cual fue enterrado cerca del castrum romano, y más adelante, fueron rodeando su tumba varias sepulturas de cristianos devotos.

La historia del monasterio es muy extensa y va profundamente unida a la historia del pueblo, sus habitantes y sus tierras. Durante los siglos X y XI, bajo los preceptos de la regla de San Benito, experimentó un gran crecimiento de sus dominios territoriales, llegando a ser uno de los feudos más importantes del país, con clara influencia política y territorial dentro del Condado de Barcelona.

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Desde su fundación hasta hoy, el monasterio ha sufrido diversas transformaciones arquitectónicas, dando lugar a uno de los más bellos ejemplares de arquitectura monástica medieval de transición románico-gótica de toda Cataluña.

La iglesia empezó a construirse bajo cánones y planimetría románica y acabada en el siglo XIV, ya de estilo gótico. Esta mezcla de estilo produce un encanto y atractivo especial a esta gran basílica de tres naves y tres ábsides, cubierta con arcos sostenidos por ocho pilares de sección poligonal. Tiene 52 m. de largo por 23 de ancho.

Un suceso interno de gran resonancia tuvo lugar la noche de Navidad de 1350. Berenguer de Saltells asesinó al Abad Biure del monasterio, por un problema de propiedades.

El alba de lino manchada de sangre que según la tradición llevaba el Abad Biure en el momento del suceso, se conserva en el Museo Diocesano de Barcelona.

Este hecho histórico se representa actualmente por Navidad en la sala capitular del monasterio. También por esas fechas, se organiza una marcha nocturna para recorrer el camino de huída que emprendió Berenguer de Saltells después de haber cometido el asesinato.

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CLAUSTRO

Sin duda el elemento por excelencia del monasterio, está situado en la parte norte de la iglesia, es una filigrana de elegancia y ligereza y de una gran uniformidad, al contrario de lo que suele ocurrir en otros claustros, lo cual nos indica que es obra de una misma mano o de un mismo planificador.

El claustro fue construido en tres épocas bien diferenciadas.

El primer claustro fue construido en el siglo XI que fue para definir su perímetro, algunos elementos del cual, todavía se conservan. Durante los siglos XII y XIII, fue sustituido por el actual. A su alrededor se disponían las dependencias de la iglesia, sala capitular, dormitorio comunitario, comedor, cocina y despensa.

Consta de planta baja y primer piso, este último construido en el siglo XVI, compuesto por arcos simples, exentos de decoración. Sin embargo, este añadido no desentona en absoluto con el resto, ya que el Abad de entonces, denominado Despuig, era de origen italiano y ordenó que se construyera al estilo renacentista toscano. (3, 4)

El claustro inferior, de planta cuadrada, tiene las galerías divididas en tres tramos casi regulares, a causa de los contrafuertes que sustentan el arco de cañón que le cubren, sólo las galerías norte y oeste se abren ligeramente formando un ángulo agudo; en cada uno de estos tramos hay cinco pequeños arcos de medio punto sostenidos por columnas dobles que descansan en una base continua, (4) interrumpida por pasos de acceso al jardín interior. En dicho jardín se hallan los restos del templo paleocristiano al cual nos referíamos al principio. Si observamos bien, uno de los arcos situados frente a la puerta que comunica el claustro con la iglesia, esta sostenido en uno de sus lados, por tres columnas en lugar de dos. La columna colocada entre las dos originales, se añadió posteriormente, como soporte, ya que se apreció una falla en la pared y bóveda, la cual se puede apreciar a simple vista. Parece ser, que esta columna pertenecía a la que inicialmente se colocó en el centro de la bóveda del campanario, y se anuló por motivos estéticos, aprovechándose para este último cometido. El capitel de esta columna, está adornado con los mismos motivos florales de la puerta de acceso a la iglesia.

Dicha puerta, de arco de medio punto y decoración escultórica, se abre a la altura del primer tramo del templo. Tiene varios arcos decorados y capiteles adornados con relieves de motivos vegetales, los cuales deben situarse en el siglo XIII.

La puerta de acceso a la sala capitular, en el ala de levante, es también románica, con arquivolta sostenida por columnas y capiteles exentos de decoración y tres jambas con un capitel central de adornos florales a cada lado. (5)

En el muro norte del claustro, están situadas ocho ventanas de doble derrame, todas iguales, en las que se puede todavía observar las imprentas del encofrado de cañizo en los arcos de medio punto y en dos de ellas, se conservan las celosías de yeso que cierra la obertura, considerado un caso excepcional de sistema de cierre en edificios catalanes (6). Junto a ellas se halla un pequeño acceso que comunica con lo que seguramente fue el refectorio, hoy convertido en museo. (7)

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Excepcionalmente sabemos el autor del claustro, Arnau Cadell, (8) que vivió en el monasterio hasta 1207, el cual dejó su firma intencionadamente en uno de sus ángulos, al lado de un capitel donde se representa a él mismo esculpiendo un capitel corintio, parecido a los que se encuentra allí, así podríamos considerarlo como un autorretrato donde se deja constancia de su paso por el monasterio. (9, 10)

La inscripción reza así:

« Hec est Arnalli sculptoris forma Catelli qui claustrum tale construxit perpetuale. »

“Esta es la imagen e Arnau Cadell, escultor, que construyó este claustro para la perpetuidad.”

Hay alguna constancia de las firmas de los constructores de claustros, pero de momento, no se sabe de ningún autor que haya podido integrar en él su autorretrato.

Desgraciadamente, algunas de las cabezas de las imágenes de los capiteles, fueron brutalmente destruidas por un grupo de salvajes desaprensivos a principio del siglo XX.

 

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La verdad es que dicho equipo creó un perfecto, magnífico y admirable conjunto de 72 pares de capiteles, mostrándonos un mundo fantástico de elementos bíblicos, florales o de la vida cotidiana, temas vegetales o figurativos, hojas, monstruos, sirenas y formas corintias, que ha sido objeto de variados estudios. En cada ala del claustro, hay tres series de cinco arcos sobre pares de columnas. El parámetro exterior de estas galerías de piedra tallada, se remata mediante un sencillo friso de pequeñas arcuaciones lombardas, con caras de monstruos y humanas. (11 a 15) .

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Los materiales de los capiteles del claustro, son de piedra procedente de Montjuich (Barcelona), no así los de las columnas que son de material numulítico (16) procedente de Gerona. De lo cual se deduce que en dicha ciudad, ya había hacia finales del siglo XII, talleres de artesanos que elaboraban las piezas por encargo y luego eran transportadas a los lugares de donde habían sido encargadas.

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No es casualidad la procedencia de dichas piezas, ya que Arnau Cadell, también esculpió el claustro de la Catedral de Gerona, su gran maestría está presente en estos dos magníficos lugares -Sant Cugat y Gerona- hermanados para siempre. Nuestro ciudadano sancugatense Josep Blanes –Pep- está dejando constancia con sus dibujos a pluma de ambos claustros. Su magnífica labor, llena de paciencia y cariño la ejecuta a la vista de todos, nos habla, nos explica, siempre tiene una palabra amable para los visitantes que se acercan a él para interrogarle sobre el claustro, a veces no le dejamos trabajar, pero él, siempre paciente con nosotros, interrumpe su trabajo para expresar este amor que siente por este lugar que lleva 35 años dibujando. Cuando no dibuja, su silla vacía que está esperándole, deja constancia de su presencia, pues ya forma parte de este paisaje, de estos capiteles. (17, 18)

 

(Fotografías y texto: Marta Mª Moltó

Diseño y mantenimiento web: "romanicoaragones.com")


 

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