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LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO Webmaster: A. García Omedes - Huesca (España) |
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-VELILLA DE EBRO- |
UTM 30T 714521 4583650 182 m. |
(RIBERA BAJA DEL EBRO) |


Velilla de Ebro es una pequeña localidad situada a unos cincuenta kilómetros al sureste de Zaragoza, sobre la orilla izquierda del gran río que le presta nombre. Llegaremos hasta ella por la carretera que de Zaragoza nos conduce hacia Alcañiz dejándola en Quinto y pasando por Gelsa, que guarda recuerdo en su nombre de la colonia romana allí asentada.
Sobre un cerro amesetado con privilegiadas vistas hacia el curso del Ebro hubo enclave indígena local en territorio Ilergete a decir de Ptolomeo. Se llamaba "Kelse" o "Celse". Sobre el mismo se establecieron soldados romanos una vez que Cesar hubiera derrotado a Pompeyo en la batalla de Ilerda. Al poco tiempo fue transformada en colonia por el triunviro Lépido, perteneciente a una familia romana de origen patricio en la época en que era gobernador de la Citerior: Colonia Victrix Ivlia Lepida (año 44 a. C.). El en año 36 a.C., desterrado Lépido, Octavio recuperó el viejo nombre de Colonia Victrix Ivlia Celsa. Su apogeo decae en época de Nerón a la par que otra colonia surge con pujanza rio arriba: Caesaraugusta (Zaragoza).
Fue punto clave en la comunicación de Tarraco con el valle del Ebro, así como lugar de apoyo a Ilerda a través de la Vía Augusta. La navegabilidad del Ebro hizo de esta colonia en un importante puerto fluvial de comercio. Llegaban a él salazones de la Bética, vino de la Tarraconense, cerámica de Tarso y del norte de África, mármoles tunecinos, turcos e italianos... En sus 44 hectáreas se calcula que la habitaron alrededor de 3.500 personas.
La vida total de la ciudad fue muy breve, si se compara, por ejemplo, con Caesaraugusta, no rebasando de ninguna manera la época de la dinastía julia-claudia, es decir, la época de Nerón (37 d. C - 68 d. C). El abandono de la ciudad, debió de estar estrechamente relacionado con las guerras civiles del año 68 d. C. (Datos del material elaborado para las visitas arqueológicas del curso "Las provincias del Imperio Romano". Zaragoza. 1998).
Fue ceca donde se acuñó abundante moneda a lo largo de su existencia. En la misma se reflejan los avatares históricos descritos, desde las emisiones ibéricas del lancero, del mismo modelo que las de Tarragona (Cese), pasando más tarde a ser bilingües y apareciendo en el reverso las letras "CEL" y haciendo mención en tiempos de colonia romana a sus apelativos "Lepida" o "Celsa".
Y sobre este cerro de tan rancia historia, se edificó el templo dedicado a San Nicolás. Muy probablemente hacia el último tercio del siglo XII, bajo el reinado de Alfonso II quien fuera primer rey de la Corona de Aragón. Templo y también castillo defensivo, pues la coincidencia con el lugar de asentamiento de la colonia ibero-romana no es fruto de la casualidad sino antes bien de las naturales condiciones del lugar. Aramendía cita como tenentes de esta fortaleza a Auger (mayo 1141), Galindo Aznarez (Noviembre 1141 - Agosto 1150) y Pedro de San Vicente (1172 - 1184).
Poco queda de esa fortaleza. Quizá algunos de los muros alrededor del templo, que se confunden con los propios de la ciudad romana (Imagen 2). Porque no es que la iglesia esté próxima a ella, sino que asienta directamente en su ángulo noroeste cerca de donde estuvo el circo, y a decir de las leyendas populares "sobre el templo dedicado a la diosa Diana" (Imagen 1).
En origen el templo fue de nave única, canónicamente orientado y con su estilizado ábside formando parte del lado este del recinto elevado, como verdadero cubo de muralla (Imágenes 3 a 4). Múltiples transformaciones sufridas a lo largo del tiempo han hecho que del primitivo templo solo reste su cabecera, afortunadamente muy bien conservada.
El gran cilindro absidal se edificó mayoritariamente con buena piedra sillar en la que no he apreciado marcas de cantería. Se yergue sobre un basamento macizo edificado en sillarejo fácilmente apreciable por el cambio de color del material. Sobre el mismo, la cripta con su aspillerado ventanal que le aporta somera iluminación. Y más arriba, y sin ninguna señal que denote la transición entre ambas iglesias, el templo superior con su adornado ventanal (Imágenes 4 y 5).
Por encima, canecillos lisos sustentan la cornisa. A pesar de las edificaciones añadidas a sus laterales, destaca al exterior el perfil del presbiterio.
Desde poco por debajo del ventanal, los sillares que componen su paramento exterior son mayoritariamente de caliza más blanquecina, originando un curioso contraste cromático. Dicho ventanal es de doble derrama y se adorna con una arquivolta dovelada decorada con nueve botones florales en su achaflanado borde libre. Apea por medio de ábacos lisos en sendos capiteles con austera decoración a base de palmetas incisas ya de aspecto cisterciense. Por debajo, columnillas y basas áticas con una bola jaquesa cada una en su ángulo libre. Se rodea al exterior por guardapolvo de sencilla hechura (Imagen 6).
Desde el mirador ubicado a los pies del templo, se domina en altura el caserío del pueblo, su iglesia adornada con bella torre mudéjar (Imagen 9) así como una gran extensión de la vega del Ebro. Puede llegarse a esta ermita desde el caserío por una cuesta con incontables escalones, o con más comodidad, desde la carretera general, tomando el desvío señalado hacia el yacimiento ibero-romano por corto trayecto de buena pista.