Al interior del templo, un gran espacio rectangular entre el diafragma que lo separa del templo primitivo y el coro a los pies. La imagen de ese diafragma pétreo delimitando nave de cabecera, es de hechura similar a lo que en Leyre se hizo.El arco de acceso a la cabecera de la nave central, conserva su sección original. Es de medio punto peraltado, dando sensación de herradura, en especial cuando se une a imposta y capitel, que realzan esa sensación Imagen 5).
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Los vanos de acceso a las naves laterales, no son los originales. Notablemente descentrados del eje de las mismas hacia la línea media del templo, se rehicieron en la reforma de Carlos II "El Malo". Probablemente la zona medial con la nave central sea la original en ambos, no siendo así en las exteriores, toscamente realizadas, habiéndose rehecho la imposta a un nivel notablemente inferior del original (Imagen 2).
Dos pilares cruciformes con semicolumnas adosadas articulaban primero y segundo tramo de la nave. Hoy delimitan el acceso al ábside central. Quedan las semicolumnas adosadas hacia la nave, que dieron apeo a los arcos formeros del segundo tramo.
Hacia el interior de la cabecera, tras alta reja que impide el acceso, sendos formeros doblados intercomunican las tres naves (Imagen 9). Las cabeceras son de hechura muy similar: cilindro absidal cubierto por cuarto de esfera y por detrás presbiterio que lo hace por medio cañón. Imposta biselada separa paramentos verticales de bóvedas.
En el ábside central, hallamos tres arcuaciones sobre capiteles y columnas. Las exteriores ciegas, mientras que la central alberga el ventanal. Los capiteles son en su mayoría restaurados. Por delante, la bella talla románica de Santa María de Ujué, datable hacia 1190, y que en el S XIV se forró de plata por orden de Carlos II (Imagen 8).
Los ábsides laterales se centran por ventanal derramado, de similar hechura a la vista al exterior. Sorprenden por su tosquedad e imperfección, que quizá se deba su remodelación y no a su hechura original.
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