La decoración escultórica del exterior del templo corre a cargo
de una legión de canecillos y numerosos capiteles. Casi todos sus vanos lucen un par de ellos, y también
los remates de las columnas que sustentan aleros tanto en la estructura de la bóveda/linterna como en los
cilindros absidales.
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La temática de los capiteles es variada. Los existentes en la cabecera
del templo tienen un estilo más uniforme y también son de mejor calidad. Parecen seguir un patrón
clásico, con figuras vestidas con clámides que evocan modelos greco-romanos a semejanza de los existentes
en la portada
oeste de la catedral de Jaca.
Hay un denominador común en estos capiteles de la cabecera, y es el hecho
de que las figuras humanas se labran en ellos en posturas agazapadas, muy forzadas, probablemente debido a la poca
altura de los mismos (Imágenes 3, 4 y 6).
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El capitel número 5 muestra dos figuras infantiles cabalgando sobre un caballo la de la izquierda y sobre
un león la otra. Éste se revuelve y devora un brazo del jinete. Guardan similitud con el que adorna
la ventana
del muro norte del Castillo de Loarre.
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