Cuando se traspasa el umbral de la puerta del Cordero y se accede al interior
del templo, lo primero que llama la atención es el ambiente de semipenumbra existente. Mas tarde la armonía
de volúmenes, la altura de sus bóvedas y el recogimiento de la gente que allí acude. Locales
o peregrinos. Se respira recogimiento y devoción en ese lugar. Nada parecido a los lugares de culto amplios,
iluminados, con turistas de aquí para allá tras un guía. Es otra sensación. Es retroceder
en el tiempo.
Tan es así que lo primero que hice fue desactivar el avisador acústico
del autofoco de mi cámara fotográfica y tomar las imágenes al amparo de las grandes pilastras
usándolas como pantalla a fin de no molestar a los fieles. Solo una panorámica desde la cabecera rompió
esa norma, y procuré hacerlo tan rápida y discretamente como pude (Imagen
6).
El templo tiene planta de cruz latina gracias a una alargada nave crucero que
sobresale de la anchura total del mismo. A ella abren los tres ábsides del mismo, si bien el central como
ya he indicado fue demolido en el S XVI para edificar el actual en estilo gótico flamenco por Juan de Badajoz
"El Viejo". El retablo que ocupa la cabecera del mismo también es del S XVI.
A pesar de haberse demolido el cilindro absidal central, persiste su presbiterio
en el que se aprecia la existencia de dos pequeños absidiolos en el espesor de cada uno de los muros laterales.
Se hallan precedidos de una arquivolta enrasada con el paramento, a base de arco de medio punto, capiteles historiados
columnas y basas (Imágenes 1 y 4).