Elemento distintivo del templo, como ya se ha comentado es la presencia de un ábside con cabecera plana al estilo de los antiguos templos mozárabes. Y no solo eso, sino su bella decoración con influencias leonesas y del románico dinástico. Tres ventanales de medio punto dovelado; cegados los exteriores y con una aspillera el central forman una deliciosa cadencia decorativa que se enmarca por medio de ajedrezado jaqués en guardapolvos e impostas así como en la moldura que corre por su base. Y en los laterales, enmarcando el conjunto, sendas columnas con sus capiteles que continuan en altura con pilastras adosadas.
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La decoración de los capiteles del templo es variada, dentro del estilo del primer románico. Volutas vegetales, palmetas, leones con sus ojos de marcadas pupilas al igual que la imagen de Santiago peregrino o la emblemática mocheta izquierda de la puerta del perdón en León. Y los leones de cuyas fauces brotan entrelazos, como en Jaca, como en Frómista.
Hay al exterior un capitel historiado: el que sustenta la pilastra del lado norte de la cabecera. Muestra la adoración de los Reyes Magos, situados a ambos lados de la cesta del capitel, mientras que la Virgen con el Niño ocupan el frontal de la misma (Imágenes 7 a 9).
Y también un mono impúdico descabezado y decoración de bolas en el extremo de las hojas vegetales vueltas hacia afuera. En fin, una variada muestra del arte escultórico en este templo zamorano, que bien merece una visita.