LA GUÍA DIGITAL DEL ARTE ROMÁNICO

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-LLANES (NAVES): SAN ANTOLÍN DE BEDÓN-



UTM 30T 348860 4811366 10 m.

(ASTURIAS)

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Nos ubicamos entre Ribadesella y Llanes, tomando la autovía del Cantábrico A-8 (de Oviedo a Santander), y a la altura del kilómetro 313, cerca de Naves, siguiendo el desvío que indica la playa de San Antolín, cogemos la carretera AS-263 en dirección a Posada de Llanes. Tras dejar la playa a la izquierda, avanzando unos metros más y, también a la izquierda, vemos el conjunto monástico (Imagen 2 y 19 y 20 de siguiente pagina).

Una de las peculiaridades de San Antolín de Bedón es el lugar donde está construido: en la desembocadura del ríu Beón (río Bedón), muy muy cerquita del mar. Subiendo a los montecitos que rodean el valle, dispondréis de unas maravillosas vistas de conjunto, tanto del monasterio como de la desembocadura del río, de la playa y el mar, y de las montañas y valles cercanos. (Imágenes 3 a 5)

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Como todo conjunto monástico que se precie, cuenta con una leyenda referente a su fundación, leyenda también citada en San Juan de la Peña, Santa María de Aguilar de Campoo, y en la de San Antolín de Palencia, que simplificando reza así: Noble que cazando persigue pieza (ciervo, jabalí), pieza que misteriosamente se esconde en cueva que nadie conoce, cueva que contiene imagen de santo, deducción de milagro, construcción de cenobio. En Bedón la tradición habla de una segunda leyenda (por aquello del morbo, que parece que atrae más): Noble cruel que va de caza, noble que se pierde, que encuentra cabaña con bella joven, joven que pretende ultrajar, joven que logra huir, noble que queda frustradísimo, noble que jura venganza, que regresa días después, noble que se encoleriza al ver a su deseada en brazos de prometido, noble que pierde el norte y los mata, noble que tiempo después se arrepiente, noble que edifica cenobio en el lugar, noble que se mete a monje, colorín colorado.

BIC declarado Monumento y publicado en el BOE el 4/6/1931, este templo benedictino es lo único que nos queda de un antiguo monasterio del siglo XII que muy seguramente fue construido sobre otro anterior del X o del XI. Jovellanos lo funda “por era 1.070”. Caunedo, en el siglo XI.

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El templo está datado a finales del XII o principios del XIII. Aurelio de Llano cree que es bastante posterior a mediados del XIII. Quadrado lo da como obra del abad Juan en el año 1205, interpretando erróneamente (según Vicente Lampérez y Romea) la inscripción ubicada en un pilar de la capilla mayor, inscripción que no vi porque cuando no sabes que algo existe, ni lo buscas, y muchas veces no se te aparece ni por casualidad. Pero puse empeño, y en todas las fotos que hice, me puse a indagar, y rebuscando… rebuscando… cual topito tunelero… ¡equilicuá! ¡encontré la inscripción! aunque no muy enfocada, pero nos sirve. La historiadora S. Álvarez opina que hace referencia a la construcción de la iglesia en 1175, eso sí, a cargo del abad Juan como hemos leído frases atrás, y a la reedificación realizada al año siguiente por su sucesor, Jacobo. (¡Hmmmmmm! Curiosamente, cita como fuente de su afirmación ¡¡a J.M. Quadrado!! ¿No habíamos quedado en que Quadrado citaba el año 1205? ¿¿?? Cuando logre resolver este enigma, lo añadiré a este artículo). En Internet he leído que la inscripción dice “Reedita cata Est Eclesia Haec Era MCCXIII Abate Jacobo”. Porque me faltan más fotos del pilar en cuestión, pero en la foto de que dispongo…ni REEDITA ni CATA ni EST ni ECLESIA ni HAEC ni………. Parece que se lee ERA MCCXIII así como ABBAS y IOHS. Antes de proseguir las pesquisas he de conseguir otra foto de la inscripción hecha ex profeso (Imágenes 1 a 3 de siguiente pagina).

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Anécdota: Finales de agosto del 2010. En una ruta prevista para visitar determinados pueblines del oriente astur (me he vuelto muy bucólica aparte de “románica”), como quien no quiere la cosa he de pasar al ladito de Bedón. Pocos kilómetros antes de llegar me asalta una idea: ¿y si intento de nuevo el pacífico asalto al templo? ¿Y si ya ha pasado por allí alguno de los integrantes de ese pequeño tanto por ciento de gamberros que patean puertas y descerrajan sus cerraduras? Animada por este último pensamiento, allá que me encamino. A pesar de que mi cámara réflex ha entrado en coma hace escasos días, llevo conmigo una minicámara digital, de esas compactas que lo hacen todo y que no sé por qué se me dan tan mal. ¿Mi objetivo? Conseguir una foto mejor de la inscripción. Aparco el coche, y trípode en mano (patético tanto trípode para tan mínima cámara. ¡¡Que no me vea nadie!!) camino por los pradines del monasterio hasta acercarme a la portada occidental, que es la que estaba abierta en la primera ocasión. (Es mi tercer intento, que también pasé, infructuosamente, por estos lares en el mes de mayo). Según me voy acercando a la puerta ¡¡tch, tch!! ¡¡mal asunto!! la veo cerrada a cal y canto, pero aún así sigo adelante. Empujo….. y nada. Vuelvo a empujar con un poquito más de ímpetu y…….¡¡voilà!! ¡¡milagro!! Pero en milésimas de segundo me pego un susto de muerte porque según he empujado la puerta y asomado la cabeza, me topo con la ídem de un caballo. Mi instinto me hace cerrar la puerta en un santiamén, volviendo a dejar encerrado al caballo en el templo.

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Tras unos segundos de catalepsia, mi cerebro comienza a funcionar: “El pobre caballo… ¿cuánto tiempo llevará encerrado? Espero que no muchos días, porque ¡¡qué agobio para él!!”. Ya más serena, abro poco a poco la puerta y me retiro del vano para que el animal salga al exterior espoleado por sus ansias de libertad y por mis gritos de ánimo. Sale como alma que lleva el diablo y de la emoción (digo yo) riega los prados con sus orines (Imagen 9a). Satisfecha con el rumbo que han tomado los acontecimientos, me dedico a fotografiar la inscripción y, de paso, las lápidas de las tumbas que no vi en mis anteriores visitas (¡¡si es un perro me muerde!!). Terminado mi trabajo vuelvo a entornar la puerta para que los animales no se sientan tentados a entrar y me marcho con paso ligero de la escena del “crimen”, mientras echo un vistazo al caballo que pace unos ¿100? ¿200 metros más allá? En ese instante él levanta la cabeza (¿me ha olido?) y……¡¡cáspita!! ¡¡de nuevo vuelvo a entrar en catalepsia pues….viene hacia mí a galope tendido!!¡¡Uppppppssssss!! En un segundo de inconsciencia, atónita sin dar crédito a lo que veo, le hago una foto (Imagen 9b) para inmediatamente después levantar mi trípode gritando ¡¡alto!! ¡¡alto!! ¡¡ehhhhhhh!! ¡¡alto!! y aguantando la respiración preparándome para lo que se avecina (entiendo tanto de caballos como de vacas, ovejas, leones, panteras, depredadores varios…..nada de nada). El animal frena a un metro escaso de mí, no sé si amedrentado por mis aspavientos o…por el murete de unos 70 cms que nos separa a ambos, y decide no seguir adelante. ¡¡Yo sí que salí pitando como alma que lleva el diablo!! Y aún hoy una pregunta ronda por mi cabeza: ¿acaso el caballo, agradecido, venía a darme un beso en los morros por haberle liberado de su prisión…o por el contrario, deseaba patearme las posaderas por pertenecer al género humano? (Imagen 9c)

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El templo ha sido etiquetado por José Saro y Rojas como “romanobizantino”, por Caunedo “bizantino con alguna mezcla de gótico”, por Magín Berenguer “románico que recibe corrientes transicionales”,…

El padre Miguélez, historiador, bibliotecario de la Real Biblioteca de El Escorial, y viajero agustino decimonónico, en “Impresiones de un viaje por el oriente de Asturias”, referente al monasterio que nos ocupa, dice “en inminente estado de ruina, da lástima y miedo penetrar en su recinto”. Quadrado, decimonónico también él, cuenta que “del monasterio no hay que hablar, desapareció después de reducido a priorato y no quedó en San Antolín de Bedón más que la iglesia y la contigua casa”.

El aspecto actual se debe a las restauraciones de Luis Menéndez Pidal en 1955 (“un personaje tan interesante, como contradictorio, con grandes aciertos y patentes errores”, en palabras de Mª Pilar García Cuetos, profesora titular de Historia del Arte en la Universidad de Oviedo).

En mayo de 1999 se adjudica una nueva restauración a una empresa ¡¡la misma que ha “dest-restaurado” la iglesia asturiana de Santa Eulalia de Abamia!! Y también en San Antolín han estucado, en rosita salmón ¡¡menos mal!! (y no en llamativo color albero como en Abamia). Algunos historiadores creen que no se elaboraron serios estudios que avalaran el proyecto de restauración de 1999. El famoso estucado es una de las acciones que más polémica ha generado en la restauración tanto de Bedón como de Abamia. Se estuca los muros con una pasta de grano fino que aísla el edificio de la humedad (algunos asesores creen que es la mejor solución para proteger la piedra de la humedad: otros dicen que no es una restauración sino un “mal tuneado”; otros se preguntan por qué no aplicaron resinas apoxídicas al igual que se hizo en el puente romano de Cangas de Onís, o en el Naranco, Lillo o Tuñón). En Santa María de Villamayor, en Infiesto, los responsables limpiaron la fachada con piedra pómez y agua para que el impacto fuera el mínimo y, para proteger la piedra del edificio, utilizaron una capa de hidrofugación que impide la entrada de agua en estado líquido pero transpira el estado gaseoso. Y no se cargaron la imagen del templo con estucado. (Podéis ver el resultado en el artículo sobre Villamayor (Asturias). ¿Por qué no hacer lo mismo en Bedón, en Abamia, y en tantos otros templos románicos (Imágenes 1, 6 y 7).

Lo más curioso del asunto es que, leyendo el comerciodigital.com, con fecha 10-2-2008, encuentro una información en la que se da cuenta de que en el año 2005 el Principado por lo visto invirtió 64.703 euros en obras en San Antolín que consistieron en retejar, reparar la carpintería de las puertas, y limpiar parcialmente los elementos pétreos de las fachadas. ¡Cáspita! pues…no entiendo muy bien el motivo de ello ya que ni el lugar está atendido, ni vigilado, ni se celebra culto en él desde principios del siglo XIX, a lo que se añade que incluso la puerta estaba abierta y tan sólo entornada durante el verano de 2008, para gran gozo de la ardillita románica, (y de cualquier otro bichejo que busque cobijo, o no, y a saber con qué intenciones).

Desde la revista “Bedoniana” se reivindica de continuo el abandono del templo de Bedón, sin conseguir hasta la fecha que les escuche ni el Tato; con eso de que la finca es de propiedad particular, y que el edificio religioso pertenece al Estado…¡unos por otros y…la casa sin barrer!

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Volviendo al edificio románico…En el exterior, apreciamos un templo de volúmenes muy marcados y escalonados. De tres naves, sobresale en altura tanto la nave central como el crucero, éste rematado en una incipiente torre-cimborrio. La cabecera consta de tres ábsides semicirculares (externa e internamente), siendo también el central el más desarrollado. (Imágenes 1 y 9)

Encontramos sillares en las zonas más delicadas de los muros, como contrafuertes, ábsides, y arcos y pilares de sostén internos.

De impronta cisterciense y muy parco en la ornamentación, el edificio alegra su decoración, casi exclusivamente, gracias a los canecillos en su exterior (algunos de ellos restaurados), y a los capiteles del arco toral en el interior.

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Posee tres entradas de acceso: la norte, hoy cegada, era por donde los monjes benedictinos accedían desde el monasterio al templo; la occidental, que dicen que es la entrada principal; y la portada meridional (Imagen 8).

La portada occidental (Imagen 18) se abre sobre un cuerpo resaltado como sucede con muchos templos asturianos del románico tardío. Consta de 5 arquivoltas apuntadas (una de ellas festoneada con arquillos de suave aroma islámico, la última moda a finales del XII), que apoyan sobre 4 columnas con capiteles lisos, y se cubre con un tejaroz con canecillos. Esta portada, según la historiadora Mª Soledad Álvarez, no existía ya en el siglo XIX, y fue reconstruida por Menéndez Pidal tomando como modelo la portada meridional (Imagen 19) que sí que es la original (y que muestra la influencia de soluciones góticas pero con las pautas cistercienses). Más que imitación ¡¡es un verdadero clon!! No tenemos más que fijarnos en sus arquivoltas y sobre todo en sus canecillos, 10 canecillos 10, que muestran representaciones vegetales: entrelazos; zoomórficas: canes, cuadrúpedos que no se sabe si son perros, lobos o carnívoros, aves, jabalí, a veces incluso parece que un mono (¡la imaginación del restaurador en el primer canecillo de la derecha de la portada occidental!) y antropomórficas: saltimbanquis, músicos, cazadores. (Imágenes 20 a 29)

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Para no aburrirnos y que la occidental pareciera una portada diferente, Don Luis desordenó un poquillo el orden de los canecillos, de los cuales se inventó totalmente uno de ellos pues no debió ver clara la imagen del tercer canecillo de la derecha de la portada meridional (Imagen 22), canecillo que guarda gran similitud con uno de Yermo (Cantabria) (Imagen 32). A otro de los canecillos le dio una interpretación muy sui generis: es el caso del 8º de la derecha; el de la portada meridional, apostaría mi cuello que es un personaje tocando un instrumento de cuerda con arco, una fídula o una giga, porque…un jamón no parece que lleve colgado del brazo, y porque está flanqueado por un personaje tocando un pandero cuadrado y por unos saltimbanquis (blanco y en tetrabrik…); en la portada occidental, el insigne arquitecto, o alguno de sus colaboradores, no vio lo mismo que yo, y en vez de un músico en el 8º canecillo… ¿qué vio en vez de un músico? ¡una amantísima madre con su bebé en brazos! (Imagen 27).

(Un tiempecito después, mientras ando preparando el texto de otro de los monasterios románicos asturianos, me encuentro con información privilegiada de J. Díaz García en “La arquitectura medieval de estética cisterciense en Asturias”: la persona encargada de restaurar la portada occidental fue un colaborador habitual de L. Menéndez Pidal, el escultor Agustín Menéndez, quien asimismo marcó con la R las piezas de nueva factura para distinguirlas con facilidad de las originales).

Comentaros también que todo capitel o canecillo que lleve grabada la letra R significa que es una pieza nueva que sustituye, durante el proceso de la Restauración, a la que hubo en su momento; por tanto, no es original. De ahí que todo el que se acerca a San Antolín de Bedón y fotografía por arriba y por abajo los chulicanecillos de la portada oeste, todos "ERRADOS", todos con R, que sepa que está fotografiando todos los nuevecitos de la década de los 50 del siglo pasado.

También deseo llamaros la atención sobre la similitud entre varios de los canecillos de San Antolín de Bedón y otros tantos de la iglesia de Santa María de Yermo (Cantabria) (Imágenes 30 a 35).

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(Fotografías y texto: Covadonga Cañas

Diseño y mantenimiento web: "romanicoaragones.com")


 

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