Bajo el alero del lado sur del templo, y a los pies del mismo, hay un canecillo
que es excepcional e inquietante. Es el mostrado en la imagen grande bajo este texto. Es excepcional por
la temática infrecuente de la trilple personalidad en una sola figura, motivo que de inmediato nos evoca,
al igual que en el caso del capitel del pórtico, el Misterio de la Trinidad.
Su grado de conservación es excelente, habiendo colaborado la notable
altura a que se halla para disuadir a lapidadores. El estilo rompe moldes con lo visto en el resto del templo.
Bien podría pasar por una obra modernista dado lo estilizado de las facciones talladas.
Pero dejando volar la imaginación, la imagen que esa figura representa
es la que hoy damos por buena para definir a un alienígena: gran capacidad craneana, pequeña mandíbula,
rostro triangular y ojos desproporcionadamente grandes y saltones (que en absoluto son los avellanados del Maestro
de Agüero). Un ser superior en inteligencia, capaz de enviar fuego del cielo, desde el que desciende...
Buen tema para una novela. La foto de portada está ahí mismo, bajo
el alero del tejado de Artaiz.