Leyre es una sierra... Un lugar próximo a río con nombre de reino...
Un panteón real... Un monasterio..
Pero sobre todo es uno de esos enclaves mágicos donde sientes la fuerza
telúrica, donde el tiempo parece detenerse y casi se llega a comprender eso que algunos llaman nirvana.
La leyenda dice que San Virila, Abad del monasterio en el S X tenía graves
dudas sobre el concepto de la vida eterna del Cielo. Un día se embelesó escuchando los trinos del
ruiseñor cerca de una fuente... Cuando volvió al Monasterio ningún monje le reconocía.
¡Habían pasado trescientos años!
Para llegar a Leyre hay que dirigirse al embalse de Yesa, entre Aragón
y Navarra. Poco al oeste del pueblo de Yesa, un desvío bien indicado nos encamina al Monasterio en unos
pocos kilómetros.
Está documentada la visita de San Eulogio de Córdoba a Leyre en
el año 848. La iglesia arcaica ha conservado su planta bajo el piso de la actual nave monástica.
Entre los siglos X y XI es centro del poder de los reyes navarros, así como panteón real, alcanzando
su plenitud bajo Sancho III el Mayor de Navarra.
La desamortización de
Mendizábal de 1836 le privó de la vida monástica,
que se ha reintroducido en 1954 merced a lo monjes benedictinos de Santo Domingo de Silos.