Tras recorrer el exterior del templo y fotografiarlo por la mañana, aproveché para visitar otros dos lugares en las proximidades (Colegiata de San Pedro de Ponts e iglesia de Coll de Nargó). Ya por la tarde, me acompañó la hija del propietario, Vanesa Vicens, que por la mañana estaba estudiando en el Instituto.
Al interior lo primero que llama la atención es la extraña curva que forma el extremo superior de lo que debía de ser bóveda absidal (Imagen 1). Tiene la misma traza que los medios puntos de los vanos de campana, y muy probablemente sean contemporáneos. Ello explica el aplanamiento del tejado absidal visto al exterior.
El cilindro absidal, enfoscado, como todo el interior, se halla semioculto por un retablo moderno. La talla románica de la Virgen se guarda en el Museo Diocesano de Lérida.
Por detrás del cilindro absidal, presbiterio atrofiado cubierto por bóveda de medio cañón muy rebajado, probablemente original, y que condicionó el "paralelismo" de la nueva bóveda absidal. Hacia mitad de la nave hallamos un fajón de medio punto apeando sin impostas en dos pilastras adosadas al muro (Imágenes 1 y 3). Dos tirantes metálicos compensan la tendencia divergente de los muros laterales. Se sitúan por encima de cada uno de los dos ventanales que abren en el muro sur.
Hay una pequeña credencia en el presbiterio sur, y otra mayor en el arranque de la nave. La línea de humedad delata en el muro norte la altura del terreno actual al exterior. Es por ello que de la portada norte, convertida en hornacina (Imagen 5) solo asomaba al exterior su medio punto. Su zaguán se redecoró con una minibóveda de crucería rematada en pequeño florón decorado.
A los pies del templo se edificó un coro alto. Su hechura y decoración es evidentemente mudéjar y condicionó el desplazamiento al sur de la puerta de entrada para permitir edificar el acceso al coro en el lado norte (Imágenes 3 y 4). El aljarfe descansa sobre una gran viga de madera que apea directamente en el muro, poco por detrás del ventanal del muro sur. Las once jácenas descansan sobre la gran viga hacia adelante. Hacia atrás los hacen en el muro, reforzado sobre el dintel de la puerta -descargándola- por una segunda viga, de menor potencia que asienta en el muro sur, y hacia el lado opuesto en una ménsula de madera empotrada en el muro de poniente y decorada con una terrorífica cara (Imagen 13).
Los extremos anteriores de las once jácenas que configuran el alfarje del coro vuelan unos ochenta centímetros y se decoran en su extremo libre por medio de caras esculpidas de aterrador aspecto, como es habitual en estas estructuras (Imágenes 6 a 14). No presentan indicios aparentes de haber tenido policromía, como ocurre en templos donde las mayores posibilidades económicas así lo permitió (V.G.: San Román, en La puebla de Castro -Huesca-).
Es curioso que las jáceneas de los extremos, las adosadas a los muros del templo, tienen sus caras labradas en el lateral dirigiendo su mirada al interior de la nave (Imagen 12). También es remarcable que aquellas caras esculpidas que portan dientes en sus bocas (Imágenes 7 y 8), no se labraron en la misma pieza, sino que se engastaron en orificios hechos posteriormente. En una de ellas, también se le "colocó" lengua tras los dientes postizos (Imagen 7). La mayoría de los motivos esculpidos son caras, salvo un par que no se trabajaron y otra jácena que lude lo que parece un pequeño carnero en vertical (Imagen 10). Es graciosa la figura de la imagen 14, en la que se labraron las manos sujetándose la cabeza .
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En fin, un pequeño templo que me apetecía mucho visitar por cuestión de coincidencia con el apellido materno. Sin ser en absoluto espectacular en ningún aspecto, si que tiene los suficientes elementos para intuir sus diversas fases de edificación/remodelación que irían paralelas al devenir de los acontecimientos históricos que en su núcleo poblacional se dieran.
La casa principal de Can Omedes, tiene su arranque en buena piedra sillar, que probablemente sea cronológicamente contemporánea de la edificación de la iglesia. Allí hubo una salina, y me contaba un anciano de la casa que "en tiempos hubo aquí un convento"...
De vuelta a casa, tarde, oscuro, lloviendo y cansado; pero con muchas ideas dando vueltas en la cabeza y un montón de imágenes para compartir en mi cámara de fotos.
Atravesar Monzón con todo el mundo lanzado a la carretera para disfrutar del puente desde el primer momento es otra aventura. Pero mucho menos gratificante. Pongo música y me relajo. No puedo influir en las circunstancias.
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