
Desde su redescubrimiento
en el año 1922 por Ignacio Sánchez Ventura e Íñigo
Almerch con la colaboración del fotógrafo Joaquín Marraco,
la polémica alrededor de su denominación ha sido la norma
en torno a las iglesias del "Románico del Gállego".
Ya desde un origen sus
redescubridores se refieren a estos templos diciendo "..Parecen
traducir estas iglesias un mozárabe mal interpretado...
Quizá en esa primera
aproximación a estos templos y en el enjuiciamiento citado pueda
radicar el germen de la denominación que por "romanticismo"
se usó para definirlos. El término "Románico"
ya estaba vigente. También el referente al arte "Lombardo".
La necesidad científica de catalogar y encasillarlo todo, con sus
respectivos filum de antecedentes y consecuentes propició
su encasillamiento como "templos mozárabes de Serrablo"
En el fondo, con el pensamiento
de hoy, podría decirse que se estaba acuñando una marca o
seña de identidad corporativa.
A mi modo de ver, el acierto
fue reconocer a este grupo de templos como "diferentes" porque
realmente lo son en tanto en cuanto que en ellos convergen una serie de
elementos diferenciales no coincidentes en otros templos. Y estos son los
arcos de herradura o falsa herradura, la existencia de alfices de ascendiente
islámico y las torres-campanario con claras raíces islámicas.
Pero sobre todo, un elemento
nuevo, como es la decoración que les añaden a sus ábsides
entre el extrados de los arquillos ciegos y la cornisa. Me refiero a lo
que se conoce como "friso de baquetones",
ubicado entre sendas molduras tóricas en su forma típica.
Por otro lado, los detractores
del "mozarabismo" de estos templos, se basan en las claras coincidencias
de su estilo básico con el extendido y pujante arte lombardo; omnipresente
en las zonas orientales de Aragón y cuyo empuje y expansión
solo pudo ser frenado por el triunfo de Cluny y su movimiento ideológico-religioso-artístico:
El Románico.
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La forma de edificar lombarda
en Aragón la encontramos en pequeñas iglesias, grandes monasterios
y en edificaciones de carácter militar. Su edificación se
lleva a cabo con sillarejo apenas desbastado a maza, con muros de tres capas,
dos vistas y una tercera central que les aporta solidez. Bóvedas
de medio cañón o de arista. Presbiterios atróficos,
tan apenas señalados y sobre todo la ausencia de decoración
escultórica.
La elegancia de esta forma
de edificar se deriva hacia los juegos de luces y sombras que producen sus
elementos adosados a los paramentos verticales. Lesenas que animan y articulan
muros y ábsides a la vez que ofrecen soporte a los arquillos ciegos
que en altura adornan cabeceras y muros laterales.
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Uno de los elementos que
hemos señalado como propio del arte lombardo es la existencia de
"dobladura lombarda" en algunos vanos. Su finalidad es estética
y consiste en colocar una serie de sillarejos adosados al trasdos de los
vanos, formando una especie de sobrecírculo ornamental.
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Y es que aun careciendo
de decoración escultórica es un arte que no renuncia a la
belleza estética Ya he mencionado las lesenas y los arquillos ciegos.
En esta línea, es frecuente encontrar un acabado decorativo en la
altura de los cilindros absidales. Más allá de los arquillos
ciegos, y hasta llegar a la cornisa, es frecuente hallar motivos decorativos
enmarcados en ocasiones por sendas molduras.
Así son frecuentes
las decoraciones de "dientes de sierra" o "esquinillas"
como ocurre en los ábsides laterales del monasterio de Obarra (Imágenes
1 y 3). Algo similar hallamos en otros edificios más modestos,
como la ermita de San Clemente de Palo (Imagen 6)
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Para la decoración
del ábside central de Santa María de Obarra se optó
por algo más elaborado que los frisos de esquinillas utilizados en
los ábsides laterales. Allí, entre las dos molduras longitudinales
sobre la arquería ciega se implementó un sistema de lajas
entrecruzadas a modo de aspa que le aporta un toque de elegancia al edificio
(Imágenes 1 y 2).
En otro monasterio lombardo
como es el de Alaón, el motivo decorativo elegido en sus muros fue
el de tacos de sillarejo tresbolillados formando una auténtica y
primitiva forma de ajedrezado, quizá precursor del denominado jaqués
(Imagen 5). En las cabeceras, este motivo cede paso a un
friso de esquinillas que aquí consta de tres filas superpuestas (Imagen
4).
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En fin, que a pesar de
la sencillez edificativa, los constructores lombardos no renunciaron a usar
motivos decorativos ni tampoco a probar con diferentes formas de llevarlos
a cabo, colocando sucesiones de diferentes figuras geométricas entre
la cornisa y los arquillos ciegos por lo general entre dos filas de sillarejos
formando molduras.
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Hay un templo en mitad
de la nada de Huesca entre los embalses de Belsué y de Vadiello que
fue rescatado del olvido gracias a miembros de Peña Guara. Consolidado
en su estado de ruina, es un referente que plantea más dudas de las
que aclara.
Me refiero a la ermita
de la Virgen de Sescún (Imágenes 7 y 8).
Cronológicamente es el único templo de esta corta serie del
que se tienen constancia documental. Durán Gudiol cita que "el
15 de diciembre de 992 el presbítero Mancio lego en testamento al
monasterio de San Úrbez de Nocito propiedades en Sescún, San
Saturnino, Onás y Villobas".
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En este templo encontramos
una forma decorativa en consonancia con lo que hasta ahora hemos visto en
templos lombardos. En altura del ábside , entre los arquillos ciegos
y la cornisa colocan elementos decorativos repetitivos entre dos molduras
corridas. Los elementos decorativos aquí no son esquinillas ni lajas
ni taqueado. Aquí son elementos a modo de pequeñas columnillas
verticales que le aportan un aire peculiar. Columnillas poco trabajadas
que no son sino sillarejos de semejante altura colocados de modo sucesivo,
verticalmente y a tizón.
Es obvio que estoy describiendo
el emblemático y definitorio friso de baquetones de las iglesias
del Gállego de las cuales, Sescún puede ser la primera de
todas ellas.
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En las formas típicas
de las iglesias del Gállego, los frisos de baquetones, al igual que
el resto de los elementos edificativos muestran una esmerada y clónica
forma de preparación. Concretando en los baquetones, aparentan pequeñas
columnillas por su acabado que les confiere aspecto de media columna vista
de pequeño tamaño.
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Cuando se tiene la suerte
de poder observar uno de estos edificios arruinado, como el que hay en el
parque de Sabiñánigo procedente de la población de
Gavín, nos es posible comprobar que los baquetones no son sino sillarejos
de semejante altura en los que su borde libre ha sido trabajado para darle
forma redondeada. Es pieza lo mismo puede usarse colocándola horizontalmente
y constituyendo las molduras tóricas del ábside como de manera
vertical y estamos hablando del friso de baquetones.
Es un progreso más
en la decoración que el modo de hacer lombardo plasma aquí
de modo totalmente novedoso.
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